A.

Descubrimos a Pilar cuando nuestros hijos eran pequeños. El año que nació Lara, nuestra segunda hija, nos pasamos el invierno entre mocos y toses. Cuando se curaba Lucas, empezaba Lara y luego de nuevo Lucas, o los dos a la vez.
Me atrajo de ella tanto su formación como médico de familia y homeópata como el hecho de que fuera madre de tres hijos. Sabía que con esa gran experiencia, me iba a comprender muy bien.
Ahora que lo veo con distancia, quizá no era para tanto, pero cuando se está inmersa en la crianza y no puedes descansar por las noches porque los niños no pueden respirar bien, se despiertan constantemente… todo se hace un mundo.
Pilar identificó con gran detalle lo que le ocurría a cada uno (para mí todo eran catarros) y les dio un tratamiento de fondo diferente a cada uno. Fue maravilloso! El invierno siguiente fue mucho más ligero. Alguna vez se pusieron malitos, pero enseguida se reponían gracias al tratamiento que Pilar les ponía.
Para mí ha sido un gran regalo conocer a Pilar. No solo por la eficacia de los tratamientos, si no por la absoluta tranquilidad que me daba saber que podía contar con ella en el momento en que nos pasara algo a algún miembro de la familia. Eso me hace sentir paz. Sé que si la necesito, ella va a responder enseguida.
Cada vez que hemos ido a la consulta nos ha recibido con una sonrisa, se ha tomado muy en serio todo lo que le contábamos y ha buscado el mejor tratamiento para cada uno. Y para mí, lo mejor es que no solo se ocupa de lo físico, sino que lo relaciona con lo emocional, con el proceso de vida por el que está pasando, tus sentimientos… De manera que siempre me he sentido recogida y comprendida. Siento que nos ha tratado de forma integral, no reduciendo el malestar a síntomas físicos.
Siento mucho agradecimiento por contar con esta gran mujer en nuestras vidas!

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